El 15 de mayo es el día internacional de las familias –antes, el día 9, es el de los calcetines perdidos. Solo avisamos—. Por lo que en los próximos días os queremos hablar de algunos juegos de mesa, juegos de estrategia y juegos de rol con los que disfrutar en familia. Hoy, la isla de Catán. Un juego de mesa que nos dejó con el “culo torcío” cuando lo conocimos tanto por la forma de jugar como por lo cuidado de casi todos sus materiales –más adelante me explico—. Sobre la isla de Catán particularmente defiendo que rescata la esencia del Monopoly: los poblados y ciudades de Catán por los edificios o las casas del Monopoly, crecimiento y negociación en ambos, obtención, compra, propiedad de zonas… Dos juegazos para cualquier momento en familia del que destacamos el Catán por parecernos más divertido y ser menos…clásico.

Objetivo y un poco de contexto de la isla de Catán

Tienes que ganar diez puntos para ganar la partida y los consigues con los poblados y las ciudades. Cada poblado vale un punto, cada ciudad, dos. Aunque en el periodo de aprendizaje se recomienda que sigas los consejos del juego, la disposición del tablero la terminaréis decidiendo entre todos por lo que el juego empieza antes si quiera de montarlo sobre la mesa. Podéis colocar los territorios como os plazca, pero andarse o “anduviéranse” con ojo porque se os puede complicar la vida sobremanera. Se trata de una isla, lo que mas allá del inconveniente de la humedad supone una ventaja a la hora de aprovecharse de los 9 puertos de los que también vais a poder sacar algunos materiales y en cantidades variadas según el puerto. Los terrenos te pueden dar “nada”, arcilla, cebada o trigo, madera y minerales, materias primas que necesitas para desarrollarte y ganar. De casi todos los terrenos que componen el tablero de Catán hay tres, pero de algunos solo dos y desierto hay uno que suele estar en el centro y en el que hace un calor de la hostia.

Muestra las zonas de Catan

Una muestra de las diferentes zonas de un Catan con las piezas en madera…¡Las nuestras son de plástico!

Comienza el juego. Sonríe.

Cuando empiezas eres “el orgulloso alcalde” de dos poblados y dos carreteras que tendrás que gestionar para hacer crecer y que tus conciudadanos sientan que han acertado al haberte elegido –un poco de fantasía política, que se trabaja poco—. Sucede que no puedes tener un poblado en cada zona con materias primas, por lo que no te va a quedar mas remedio que ser la mas lista o el mas guapo para negociar con el resto de los jugadores y conseguir aquello que te falte. Pero tranquilo, que si lo de negociar no es lo tuyo siempre te quedará la bienquerida banca (la banKarida), sí, la que siempre gana y a la que poco le importan mi salud mental, tu blanca dentadura o el color de tus ojos; lo único que necesita son 4 cartas del mismo tipo para darte a cambio la que tu necesites.

Sí, 4×1. Es la banca, es el capitalismo. ¡Es el mercado, amigo!

Fíjate bien, porque las encrucijadas en las que tengas tus poblados van a producir materias de sus zonas colindantes con cada tirada de dados –o con casi cada tirada— y habrá poblados que compartan zonas, por lo que tendrás más de sus materias primas, que a su vez serán las que le faltarán al resto de jugadores, por lo que tendrán un valor de negociación interesante…

Una muestra algunas zonas y cartas del juego de mesa Catan

Juego de mesa en mi mesa y con Rana mirando. No la ves, pero está

¿No te explota la cabeza?

Otra vez y un poquito más…de manual: las zonas están numeradas y con cada tirada de dado consigues materias de tus poblados colindantes a las zonas con los números que marcan los dados. ¡Ah, que no tienes poblado colindante el 12 o en el 3 o el 7! ¡Vacha por dioch! Deberás tener muy claro hacia dónde crecer porque lo ideal es que tengas la mayor cantidad de poblados colindantes con zonas diferentes. Pero ojo, que no puedes tener poblados adyacentes a más de tres zonas.

45-50 minutos por partida y muchas sorpresas por descubrir

Bien puede que sea por esto por lo que la isla de Catan un juego de mesa tan aclamado y de tanto éxito, tan divertido y entretenido y es que aúna, arrejunta, concentra, aglutina, acopia, recoge, concentra, amasa, encierESTRATEGIA –perdón— sobre el tablero, ya que no puedes tener tus poblados a mas de dos encrucijadas de distancia y en la negociación, porque si te tienes que esperar a intercambiar con la banca te van a poner “una moción de censura” –esto de la moción es una licencia mía por lo de la política de antes—. No nos vamos a alargar mucho más ya que confiamos en que os lo compréis porque merece la pena bastante fuerte. Es un juegazo que a todos gusta y os va a hacer pasar ratos de auténtica diversión. Y si no mirad a Rana.

Rana jugando a Catan

Rana y su ludopatía con los dados de Catan

Para saciar tu sed, frikingo.

Los materiales de la caja son de calidad. Tanto los hexágonos que componen el tablero como los puertos, las tablas de costes, las rutas comerciales y los ejércitos, las cartas de materias primas y las de desarrollo son una cucada… Todo bien conseguido, recio y bien trabajado. Todo, menos los poblados, las carreteras y las ciudades que son de plástico chungo y difíciles de distinguir en un primer momento por ser del mismo color, mismo tamaño y casi mismo gramaje –vale que cada jugador juega con un color, pero los colores tienen tonos, matices, ¿me superentiendes?—. Es lo que menos nos ha gustado de este juego, pero no es un problema para poder jugar, divertirse y ganar, si es que tienes la habilidad suficiente para negociar, la inteligencia estratégica necesaria para desarrollarte hasta el diez y ojos en la nuca… ¡Para que el ladrón no te robe! ¡Sí, hay un ladrón que es el que…! Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Buena gente.